15 de abril de 2011

CONVOCAR ENERXÍA CONTRA A CORRUPCIÓN



En esta España sin pulso, sin proyecto y con unos centros de poder carentes de toda autoridad moral y ética, vuelve a repetirse por enésima vez, la tragedia de nuestra historia: invertebración social, carencia de convicciones, valores y actitudes propias de la modernidad que supusieron la Ilustración y las Luces y junto a ello el secuestro mental con el pan y toros que hoy constituyen las zafiedades televisivas y el fútbol suministrado en dosis que ni siquiera el franquismo soñó. Y todo ello en beneficio de una casta dominante que ha actuado y sigue actuando en el país como lo hiciera cualquier ejército de ocupación.

A quien quiera encontrar un antecedente históricamente próximo, le bastará con leer los acontecimientos de aquella época llamada de la Restauración canovista. Corrupción, degradación de la política, caciquismo, falta de ideas, miedo a pensar y a afrontar las evidencias que la realidad de la calle arrojaba cotidianamente; y todo ello cubierto por un discurso oficial de patriotismo encanallado y lugares comunes mantenido permanentemente por los centros de poder y sus asalariados. Políticos constituidos en clase, medios de comunicación divulgadores de una cultura informativa "achusmada" cuando no "sobrecogedora", y una ciudadanía enganchada en sucedáneos de hedonismo y en la mayoría de los casos agobiada por la búsqueda del sustento de cada día.

La España de la Transición ha devenido en aquella otra que muñeran Cánovas y Sagasta. No podía ser otra cosa, una nueva Restauración Borbónica con los mismos actores, las mismas oligarquías, los mismos funcionamientos de los resortes del Estado y la misma e inveterada práctica de la cleptocracia. Pero la característica más ignominiosa y criminal está definida por las justificaciones basadas en que este estado de cosas es el precio a pagar por la modernidad y la democracia. El "nada se puede hacer" ha sido instalado en las mentes pastoreadas, alienadas y trabajadas por la subcultura ovejuna del sálvese quien pueda.

La sociedad española necesita un mensaje de regeneración, de aliento ético que convoque a una lucha cívica en nombre de la dignidad, la justicia y el derecho. Un mensaje transversal hecho de denuncias, alternativas muy concretas e inmediatas y capaz de galvanizar energías dormidas o en trance de dilución.

No es posible vivir con dignidad sin denunciar y acusar permanentemente a los de la trama Gürtel, a los de los EREs en Andalucía o a una María Teresa de Vega que insta a la abogacía del Estado para que deje en paz a Botín, acusado del crimen de estafar a la hacienda pública mediante la falsificación de datos y por cuyo delito se le pedía 170 años de cárcel; consiguió su objetivo. Los casos de corrupción, de venalidad, de justicia vendida, de saqueo de las arcas públicas son legión; constituyen una segunda naturaleza a la que nos empezamos a adaptar como algo natural.

Erraremos si seguimos pensando en alianzas postelectorales o en la difusión de un discurso que señalando los problemas no vaya a la raíz de los resortes ciudadanos que puedan posibilitar la fuerza organizada para resolverlos. Un mensaje que va más allá de los comicios y de las cábalas tácticas que ellos puedan posibilitar. España está escindida en dos bandos, uno bastante activo: ladrones, corruptos instalados en los tres Poderes del Estado, agiotistas, embaucadores, saqueadores de los recursos públicos y protagonistas reconocidos y sin sanción penal de escándalos y estafas sin cuento.

Hay que optar por el otro trascendiendo siglas, organizaciones y demás enseñas. Sin ética pública, sin democracia recuperada y sin espíritu cívico no conseguiremos nunca ni la Democracia, ni la República ni el Socialismo. La bandera de la regeneración con un programa adecuado, sin más compromisos y alianzas que no sean las de la sociedad civil, convocada y organizada para ello, es la única vía posible en esta hora. Todo un reto para quienes como nosotros siempre nos hemos crecido con ellos.

11/04/2011
Julio Anguita González.












1 comentario:

  1. Por mí: MANOS A LA OBRA.

    Tres buenos retos:
    -ETICA PÚBLICA
    -DEMOCRACIA
    -ESPÍRITU CÍVICO

    ¡Tres buenos principios que habrá que trabajar!

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